06 octubre 2011

En Darien sin Corriente



22/Sep/2011

Día 124 - 1 km - Total 29.475 km

Como era de esperarse el día empezó tarde debido al festejo. Tanto Mark y yo teníamos un ligero malestar producto de la mala noche. Era la desvelada y no las cervezas. Eso queríamos creer al menos.

Nos alistamos y equipamos nuestras motos. En nuestro hotel ya habían dejado de servir desayuno así que manejamos unas pocas cuadras a un Burguer King. Ahí desayunamos algo. Yo solo tomé un par de cartones de jugo de naranja y nada más. La sed estaba buena.

Mientras desayunabamos nos pusimos de acuerdo para tomar unas fotogrfías de cada quien pero en movimiento. Mark no tiene ninguna y me pidió de favor que le ayude con eso. Así que nos montamos en nuestras motos, Mark se adelantó y yo iba a salir trás de él.

La moto se sintó rara. No prendía. Pensé que estaba haciendo algo mal pero me concentré y nada. Hacía bastante calor así que me saqué el casco. Al rato vino Mark a ver qué pasaba. Pensé que se había ahogado la moto así que empecé a usar la pata de arranque. Nada. Esa moto no se prendía ni por oro ni por plata. No estaba ahogada.

Siguiendo el protocolo para determinar el daño pienso que tenía que ver algo con la bujía. Desarmo la moto, retiro el sillín y el tanque de gasolina. Antes de sacar la bujía reviso si es que la corriente está llegando y no había chispa. Era un fallo en alguna parte del sistema eléctrico pero no sabía dónde con exactitud.

No tenía otra opción que regresarme al hotel. Mark debía continuar con su viaje. Le pedí que me remolque y él accedió. Me dijo que nunca lo había hecho pero al explicarle dijo que creía que si podía hacerlo. Armé la moto nuevamente y preparé los tye downs para realizar la maniobra.

Creo que Mark realmente no me entendió cuando le dije que el inicio debe hacerse lo más lento posible. O quisas su entendimiento de lento difiere al mío. Al segundo que aceleró, terminó dandome un tirón abrupto y por consecuencia terminé en el piso. No me esperaba esa caida asi que la rodilla no aguantó, la cadera se golpeó y hasta la cabeza rebotó en el piso. Mientras estaba en el piso veía como Mark se caía también. Con la misma violencia con la que yo me fui para abajo. Solo que el estruendo de su moto siendo más pesada y con maletas de aluminio fue más duro.

Cuando caigo normalmente me da risa nerviosa. Esta vez no fue así. Me golpie bastante duro la cadera. Ahora toda la pierna derecha me dolía, desde la rodilla hasta la cadera. Que relajo! Me levanté y le ayudé a Mark a levantarse. Los reclamos hubieran sido inútiles ya que me estaba haciendo un favor. Nunca una caida fue parte del favor pero bueno. Levantamos mi moto y su moto y volvimos a intentarlo una vez más.

La segunda vez fue mejor y más controlada. Ibamos perfecto hasta que Mark metió segunda. Creo que tampoco me entendió la parte de meter los cambios sin perder el ritmo. El tye down se detempló y sabía que debía controlar el tirón que se venía. Tambaleante salí airoso y luego de un par de sustos más llegamos al hotel. Que alivio sentí. Creo que Mark también se sintió aliviado.

Pagué por la habitación y dejé mis cosas. Mark aún quería que le tome las fotos así que fuimos en su moto a buscar un sitio adecuado. Al minuto de haber dejado el hotel cayó una tempestad. El término tempestad en realidad no le hace justicia a la cantidad de agua que cayó. Pegó tal aguacero que decidimos parar para guarecernos en unos árboles. A los cinco minutos de un intento inútil de escampar decidimos regresar al hotel. Cuando llegamos la lluvia cesó y en una transversal le tomé sus fotos.

Mark se puso su equipo de lluvia pero primero se cambió de ropa. No quería ir mojado. Nos despedimos y se fue con rumbo norte. Yo me quedé en la habitación adolorido y coordinando qué ibamos a hacer con mi hermano.

Mi hermano Joan me ofrece venir a recogerme pero el día de mañana. Así que el resto del día aprocecho descansando y poniendome hielo en la rodilla y en la cadera.

El final de mi recorrido en América del Norte sin duda se pone memorable. Festejo inesperado, resaca, daño mecánico, rodilla mala, cadera golpeada y lo peor de todo es que mis botas y casco se rasparon y mi moto se fue al piso. Eso me dolió más que todos los dolores de mi cuerpo. Que coraje!

Darien - Georgia



21/Sep/2011

Día 123 - 573 km - Total 29.474 km

Hoy nuevamente me levanté temprano y con el objetivo de avanzar lo más que pueda. Todo estaba casi organizado así que no tuve mayor inconveniente en prepararme. Fui a desayunar en el restaurante del hotel. Armé la moto y salí a la ruta.

Creo que logré recorrer unos tres o cuatro kilómetros cuando una vez más me golpeó la mala suerte. Iba tranquilo en la carretera cuando de la nada sentí el golpe en la bota izquierda, la pérdida de velocidad y una serie de pensamientos negativos atravezando mi mente con una velocidad impresionante. Logré salir de la vía sin mayor esfuerzo utilizando solo la viada. Me detuve en la orilla y aunque sabía lo que ocurría no quería ver. Le pedía a Dios que el daño no sea grave mientras me bajaba de la moto. Y efectivamente fue lo que pensé. Se rompió la cadena. Por suerte la bomba de embrague no dejó de funcionar aunque terminó raspada toda.

La cadena estaba trabada entre el piñon y el motor. Los carros pasan muy rápido y hay una niebla densa que cubre todo. Me siento inseguro ahí así que empiezo a empujar la moto de retro. Lo hice de esta manera en caso venga la policía. Como son muy estrictos en sus leyes, si daba vuelta la moto pienso que me hubieran dicho que invadía la vía y dado una multa. Lo hacía para minimizar el problema aunque me costó bastante esfuerzo. Por suerte estaba cerca de un acceso que en mi caso me sirvió de salida. Una carretera pequeña iba paralela a la autopista y "justo ahí" un concesionario de autos Cadillac.

Empujando ya en el sentido correcto entro y pregunto si me pueden prestar unas herramientas para sacar el piñon. Esa llave no la cargo conmigo. Me pusieron todo el taller a mi disposición. Tomé la llaves que necesitaba, unos trapos para limpiar y una botella con gasolina blanca para verificar bien lo ocurrido. Después de liberar la cadena e inspeccionar que solo había raspones me puse nuevamente a unirla con un eslabón que llevaba de repuesto. Me costó un poco pero con un martillo y un playo logré unirla. Hice una prueba en el parqueadero del consecionario, me equipé nuevamente, les agradecí a quienes me ayudaron y salí nuevamente al carretero. Creo que fue un acelerón brusco que hice lo que rompió la cadena así que reinicio mi etapa con más tino y precaución.

En todo esto me demoré como dos horas y en ese tiempo le puse al tanto a mi hermano Joan de lo que estaba pasando. En teoría habíamos pensado que podía llegar a su casa ese día pero con este retraso se ponía dificil cumplirlo.

Un fallo de estos lo que más daño hace no es a la moto en si, sino a la mente del piloto. La psiquis de unoqueda abollada, duda y tiene temor. Uno no sabe con exactitud las posibilidades de que vuelva a ocurrir pero piensa en los posibles resultados. Que pasará si..., y ahora qué..., y si se rompe nuevamente..., etcétera. Son solo inquietudes que roban mucha energía y en esos instantes son inútiles. Uno no puede saber. Solo debe confiar que no volverá a ocurrir. Cuesta hacerlo pero es posible. En mi caso y por mi convicción me puse a rezar. No lo hice por miedo, sino por agradecimiento: por las Dioscidencias y por las pruebas que he logrado superar. Trato de pensar que si yo no pierdo la confianza en Dios, Él no perderá la confianza en mi. Si me pone obstáculos es porque Él sabe que puedo superarlos. Siempre me pone los medios y las personas. Los ángeles como yo les llamo.

De ahí en adelante el recorrido iba lento. Tenía ansiedad de llegar pero debía cuidar esa cadena. Tal vez eran lecciones que debía aprender. Tener paciencia, tener humidad, tener resignación, tener carácter, tener sabiduria. La lista de cosas que uno podría aprender de un problema puede ser interminable si es que uno realmente quiere aprender de ellos.

Ya era tarde y a la distancia algo me llamó algo la atención. Una luz blanca exagerada se acercaba hacia mi en el carril contrario. Sin duda era de un motoviajero. Desaceleré porque tuve una corazonada. Sabía de un amigo que conocí en Alaska que estaba viniendo del sur. No sabía exactamente donde estaba pero capaz era él. Al cruzarnos nos saludamos y efectivamente era Mark. Un inglés que empezó su viaje en Alaska, bajó a México, fue a Miami y trataba de terminar su viaje en New York. Al cruzarnos nos hicimos un gesto cada uno. Quiero creer que el me dijo que se iba a dar la vuelta en la próxima intersección y quiero creer que yo le dije que lo iba a esperar. Así que me orillé en plena autopista y esperé. Tenía listo hasta el discurso por si llegaba la policia. Solo por si acaso.

A los pocos minutos llegó Mark y nos saludamos efusivamente. Como ni él ni yo teníamos planes y ya mismo oscureciía decidimos pasar la noche en Darien que era el pueblo más cercano.

Conseguimos un hotel y nos pusimos a conversar sobre nuestros respectivos viajes. Y resulta que tanto el de él como el mío estaban próximos a culminar. Decidimos ir a comer y hacer una pequeña celebración improvisada para congratularnos.

Al rato estabamos en un pub y ordenamos nuestras cenas y unas cervezas. No había casi nadie así que el sitio era todo nuestro. Nos sentamos justo en la barra y conversabamos amenamente con la mesera. Una jovencita que no sabía donde quedaba Inglaterra y menos Ecuador. Una de esas típicas rubias que aparenta solo usar su cabeza para exhibir un bonito peinado.

Las cervezas fluían generosamente. También los tragos de tequila de cortesía por parte del staff del bar. Mi amigo y yo estábamos agarrando viada cuando nos dieron la ingrata noticia de que ya iban a cerrar el bar. Eran las once de la noche. Así que pusimos nuestras útimas órdenes, nos las bebimos y nos fuimos al hotel. A medias el festejo pero bueno. Lo inesperado de nuestro encuentro lo hizo genial.

Dunn - North Carolina



20/Sep/2011

Día 122 - 875 km - Total 28.901 km

El día empezó temprano. Una ducha breve. Empaquetar mis cosas y vestirme con el equipo se siente raro. Trato de no hacer mucha bulla ya que las niñas duermen todavía. Saco mi maleta y armo la moto. Al rato bajó Henry y Pauli y después de unos instantes las niñas. Yo desayuné algo ligero y cuando la familia había terminado me despedí de todos. Henry me acompaño afuera, un abrazo y los mejores deseos mutuamente no faltaron. Nuevamente estaba en la ruta.

La primera parada fue en una gasolinera cercana. Todo iba como de costumbre solo que había algo nuevo. Henry gentilmente me prestó su GPS. Lo instaló en la moto y me enseñó como utilizarlo. Al inicio era medio raro pero no tardé mucho en acostumbrarme. Lo único que me causaba un poco de molestia era la vibración en el manillar. El peso del equipo a un lado descuadraba el manubrio.

La primera parte del camino estaba con un tráfico pesado y por consecuencia fue lenta. Nada del otro mundo. Siguiendo las instrucciones que me daba el GPS salí pronto de esa hora pico de la gente que va a Nueva York. Luego mi marcha fluía con normalidad. La verdad que no había mucho que ver. Era una autopista sin mayor encanto. Bastante monótona en sus rectas.

Lo curioso fue ver como pasaba varios de los estados de este país en muy corto tiempo. Estaba en New Jersey y luego pasaba por Pennsylvania. Al rato por Delaware, Maryland y Virginia. Incluido el Districto de Columbia donde se encuentra Washington DC.

Aquí se puso interesante la conducción debido a la cantidad de intersecciones que confluian a la vez en un mismo sitio. Sin duda que sin el GPS se me hubiera hecho más duro recorrer este tramo. Había que salir en unas ocasiones por la derecha y otras por la izquierda. Lamentablemente los rótulos solo muestran destinos cercanos y no uno distante. Sería más facil si al menos uno dijera Miami por ejemplo. Uno podría seguir esa ruta y ya. Creo que en caso de no tener el GPS lo único que hay que hacer es prepararse un poco más.

De ahí en adelante el camino retomó una cierta calma. Me había propuesto manejar lo que más podía, hasta que oscurezca o hasta que el dolor de la rodilla me lo impida. Lo primero ocurrió y tuve que buscar refugio. Me encuentro en Dunn en el estado de Carolina del Norte. A pesar de los dolores me siento contento de haber manejado y retomado la ruta. Se siente bien nuevamente sentir el aire acariciar mi cara.

Descanso y Preparación en Bloomfield



17/Sep/2011 - 19/Sep/2011

Día 119 - 121 - 0 km - Total 28.026 km

Nuevamente vuelvo al descanso de la rodilla pero a la vez preparo mis cosas para volver a migrar. Creo que un par de días de conducción no me harán más daño asi que ahora me fijo el objetivo de llegar donde mi hermano en la Florida.

La familia anfitriona siempre colmándome de atenciones han programado una salida a un sitio turístico llamado Bear Mountain. Salimos con todos incluso con Coco, el perrito. Un recorrido bien placentero por un camino que sin duda lo hubiera disfrutado mucho en la moto. Los bosques espectaculares. Después de haber visto tanta civilización seguro que me refrescaron la vista estas imagenes verdes llenas de olor y aire puro.

Una vez en el sitio se puede observar el río Hudson en su recorrido caprichoso. Hay bastantes turistas y visitantes. Con todos nos fuimos a caminar en ese bosque. Como ibamos lentamente por las niñas, no sentí malestar en mi rodilla. Ademas el paisaje era perfecto. Y el clima también. Todos disfrutamos pero creo que los que más disfrutaron fueron Luchis y Coco. Se dieron gusto correteando por ahí. Y yo gocé viendolos.

De regreso a casa una parada a tomar helados. Es un sitio muy concurrido y el preferido de las niñas. Segun se vió el sitio ha sido designado varias veces como la mejor heladería del estado. Los helados estuvieron deliciosos. Y la compañía ni se diga.

Paralelo a esto las preparaciones continuaban. Lavar la ropa, preparar el equipo y cambiar el aceite y filtro de la moto. Esto de prepararse para continuar es rutinario pero lo que siempre cambia son los lugares y la gente que uno tiene que decir adios. Lo he hecho varias veces antes pero cada vez es diferente. Es especial. La gente que uno va conociendo o vuelve a ver sin duda le pone ese factor único.

Ya estamos listos para continuar. Listos para seguir disfrutando de esta Libertad en América.

Estatua de la Libertad



16/Sep/2011

Día 118 - 0 km - Total 28.026 km

Hoy continúa mi recorrido turístico pero con la ayuda de mi amigo Henry quien gentilmente acomodó sus horas de trabajo para darse un tiempo y ser mi guía. El recorrido iba a ser corto pero significativo. Ibamos a visitar la Estatua de la Libertad!

Después de un paseo breve en el carro llegamos al sitio donde compramos nuestros tickets. La estatua se encuentra en una isla y la única forma de acceder es via bote. Son unos pequeños barcos que hacen el recorrido para los turistas. Nosotros accedíamos desde New Jersey pero la mayoría de personas lo hacen desde Manhattan en New York.

El viaje de acceso no demora mucho y brinda una vista espectacular de la ciudad de New York. La primera parada era en Ellis Island donde los migrantes que venían del viejo mundo eran registrados antes de permitirles la entrada a los Estados Unidos. La Estatua capta con su presencia la atención de todas las personas que nos encontrábamos ahí.

Una vez que llegamos a la isla empezamos una caminata por los alrededores. Hay una plaza principal donde se encuentra un asta con una bandera enorme de los Estados Unidos. También una moto en una vitrina de exhibición llamada la Moto de la Libertad. Fue donada por la gente de Orange County Choppers, de la serie American Chopper del Discovery Channel. Con Henry nos reíamos mucho ya que yo decía que esa moto es una impostora, que la mía es la propia Libertad. Incluso logramos captar un video con esta broma.

Luego caminamos al rededor de la Estatua. Había un monton de personas que tomaban fotos, unos en sus grupos y otros imitando la posición de la Estatua. Yo con mi bandera saqué unas cuantas. Sin duda que la estatua es un símbolo universal de Libertad.

Ya con una buena colección de fotos nos dirigimos a comer algo y esperar el barco para retornar al parqueadero. Mientras comíamos conversábamos de todo un poco. Pero como siempre resulta entre motoviajeros, terminamos hablando de motos y de viajes.

Cuando el barco vino nos subimos y nuevamente apreciamos la belleza de este sitio. Al desembarcar visitamos un monumento de recordación a las víctimas de New Jersey que fallecieron en los atentados del 9/11. Es una estructura como dos paredes recubiertas de un material brillante. En su interior los nombres de las personas que murieron en ese fatídico día. Si uno se para de frente hacia ellas, parecería ver las dos torres gemelas que fueron destuidas con el fondo de Manhattan. Es una ilusión óptica. A un costado un pedazo de la estructura de los edificios. Sin duda ese evento marcó un punto negro dentro de la historia. No solo de este país, sino del mundo entero.

El regreso fue igual de corto aunque un poco más demorado debido al tráfico. En la casa nos esperaba la familia y nuevamente compartí mi emoción con ellos. Mi visita aunque breve fue muy disfrutada. Pero hubiera sido más si la rodilla no me hubiera fastidiado tanto. Ni modo, hay que conformarse con lo vivido. Y sobretodo ser agradecido.

New York City



15/Sep/2011

Día 117 - 0 km - Total 28.026 km

Hoy es un gran día. Me levanté con emoción a pesar del malestar de la rodilla. Hoy iba ser el día de llegar a la "Gran Manzana". Desayuné con la familia y aprovechando el recorrido escolar de las niñas, Pauli gentilmente me dejó en la estación del bus con todas las indicaciones para llegar a la ciudad de New York.

Una vez en el bus, tomé asiento y me puse a disfrutar del breve recorrido. Pareció que en cuestión de minutos llegabamos a la estación, habiendo pasado de una zona residencial a una zona infestada de edificios grandes y tráfico denso.

Lo primero que hice fue conseguir mi ticket para el regreso en el mismo edificio donde llegamos. Estaba al frente del New York Times. Ya en la calle me sentí como un niño en una tienda de dulces. No lo podía creer. Estaba en la Capital del Mundo. Sin duda uno puede apreciarlo el instante que da los primeros pasos. La cantidad de gente impresiona. Gente de diferentes procedencias. A unos se los reconoce por sus vestimentas diferentes y a otros por sus rasgos físicos. Todos caminan apresurados. Muy pocos sonrien. Ese es el ritmo de la ciudad.

Sigo las recomendaciones de Henry y Pauli y compro un ticket en un bus turístico. Éste, al igual que otros, hace un recorrido compacto de los sitios más interesantes para los turistas. Uno puede subir y bajar en cualquier punto. Lo único que se necesita es el comprobante de venta. Ya que tiene una validez de un día, decidí primero darme un recorrido total del circuito y luego ir parando en los sitios que más me interesaba.

Y así fue como ante mis ojos iban desfilando imágenes que antes solo había visto en películas. Empecé el recorrido cerca de Times Square y luego pasabamos por una de las tiendas de departamentos mas grande del mundo: Macy´s. El rascacielo del Empire State dominaba el panorama. Luego los barrios y alrededores de Greenwich Village, Union Square, Soho, Chinatown y Central Park nos recibieron. También el Rockefeller Center, Wall Street y la "Zona Cero" del World Trade Center. Había tanto que ver y tan poquito tiempo asi que escogí lo que más me llamaba la atención y en el segundo recorrido hice las paradas de rigor.

La primera fue en el Empire State. En la parte inferior del edificio compré mis tickets para subir vertiginosamente a las plataformas de observación del piso 86 y 102. Era mi primera vez en un rascacielos. En el ascensor los pisos pasaban como de diez en diez. En menos de un minuto habíamos subido tantos pisos pero sin ningún malestar para el cuerpo. La primera plataforma es abierta. Se puede sentir el viento y a la distancia escuchar el ruido de la urbe. Así mismo al fondo de Manhattan se puede ver los rascacielos adyacentes a la Zona Cero. No hace falta mucho para apreciar este paisaje. Solo tiempo y buen clima. Segun nos informaron, en un buen día de visibilidad se puede apreciar varias millas desde ahi hacia los estados adyacentes. Luego subí al piso 102 y la vista mejora ligeramente. La observación está encerrada en vidrios así que de cierto modo limita la experiencia. De todas formas vale la pena subir ahí.

Luego mi interes me llevó a la Zona Cero. Ahí hay muestras de lo acontecido en una galería que impresionan. He visto varios reportajes y documentales en televisión pero estar ahí es otra cosa. Ver esas moles de edificios e imaginar que ahi hubieron dos torres más grandes que se vinieron al piso estremece. Y pensar en toda la gente que falleció es algo que incluso hasta al mas insencible podría conmover. Sentí cosas raras y tristes. Mudo deambulaba por la zona recreando aquellas imagenes vistas en la televisión. Que infierno habrá sido!!

De ahí fui al sector del Rockefeller Center y caminando llegué nuevamente a Times Square. Ya esta oscureciendo y pienso que es la mejor hora para observar los rótulos de esta galería gigante dedicada al marketing. Ya ahí me quedé en una esquina mirando a todos los lados. Pude haber pasado toda la noche. Hipnotizado por los colores y por los ríos de gente que ahí recorre. Impresionante.

Nuevamente en la estación de buses tomé el que me llevaría de nuevo a casa de mis amigos. En el regreso iba calmado y realizado. Nuevamente he disfrutado de algo especial.

En la misma estación donde me dejó en la mañana Pauli me esperaba para llevarme a casa. Ahí les comenté a ella y a Henry lo bien que me fue. Seguro que ellos han oido varios relatos de sus invitados anteriormente pero es inevitable, uno debe compartir la alegría que siente. Y ellos amablemente aceptaron escucharme.

Ya es de noche y el dolor de rodilla ha aumentado por el trajín del día. Ni modo. Valió la pena. No me lo hubiera perdido por nada.

16 septiembre 2011

Reposo en Bloomfield



12/Sep/2011 - 14/Sep/2011

Día 114 - 116 - 0 km - Total 28.026 km

Lamentablemente no me encuentro muy bien. Vengo trayendo un malestar en mi rodilla derecha ya un par de semanas. No me he golpeado. Tampoco he hecho ninguna fuerza exagerada. Pienso que se debe a la forma de subir y bajarme de la moto. Esta gestión la debo hacer al menos unas cuatro veces al día. Creo que con el peso de la bota algún ligamento debe haberse inflamado ya que debo alzar lo suficiente para pasar el pie tanto al montarme como al bajarme de la moto. El dolor va desde el costado derecho y pasa al izquierdo. No es increiblemente fuerte pero está siempre presente.

Es por esto y aprovechando la gentileza de mis anfitriones que me he tomado un descanso. Estos días no he hecho mayor cosa. He pasado en cama con el afán de recuperar mi rodilla para poder continuar con mi viaje. He contestado emails y mensajes que he recibido. También he aprovechado para ponerme al día con la Bitácora de mi viaje. En fin, actividades que no requieren ningún esfuerzo físico.

Mi familia obviamente se encuentra preocupada y con múltiples mensajes me han hecho llegar su ánimo, su apoyo y sobretodo su comprensión. Siempre he dicho que ellos pasan lo más dificil. Que ellos son los verdaderos heroes en todo esto. Una vez más reafirmo mi forma de pensar.

Algunas variantes se barajan con respecto a lo que pasará de aquí en adelante con nuestro viaje. Yo espero y anhelo que este dolor se vaya pronto para poder continuar. No me parece justo detenerme ahora habiendo hecho casi todo. Falta poco por recorrer pero primero está mi salud. Eso lo tengo claro.

Acceder a un médico en los Estados Unidos sin estar asegurado se hace casi prohibido. Para una lesión de estas, entiendo que se deberán hacer radiografías, ecos o resonancias. Y posteriormente un tratamiento adecuado de rehabilitación. Acompañado todo esto de fármacos y demás. Como dije antes, sin un seguro eso es difícil de conseguir por los costos.

Así que me encuentro sin muchas opciones. Me queda solo el reposo, unos anti-inflamatorios y analgésicos que traje desde Ecuador y uno que otro remedio casero. Como siempre confio en Dios, se que Él me ayudará a tomar la mejor decisión.

Princeton



11/Sep/2011

Día 113 - 0 km - Total 28.026 km

Parece que he dormido toda una semana. El solo hecho de pensar que estoy en el hogar de un amigo fue el somnífero ideal para pasar una noche reparadora de sueño. El haber llegado en mi cumpeaños y el haber recibido un festejo muy lindo e inesperado contribuyeron también a dormir de maravilla. Y hablar de la cama que parecía digna de un rey sería solo añadir más a mi argumento.

El desayuno fue muy especial. No lo digo por la rica y abundante comida, ni las frutas frescas. Lo digo porque no estaba solo en la mesa como normalmente pasa. Estábamos todos, incluyendo a la pequeñita Luchis que recién la conocía. Yo era el invitado pero me sentí en ese instante uno más de la familia. Desde que llegué todos me han hecho sentir bienvenido por lo cual estoy muy agradecido.

Después de desayunar y arreglarnos salimos a dar una vuelta por Princeton. Ibamos todos en el carro conversando. Mis amigos llevan viviendo acá muchos años y las conversaciones principalmente se centraron en nuestro Ambato querido y las personas que conocemos mutuamente. En estos casos sucede inevitablemente que uno quiere actualizarse de las novedades. Para los que están lejos es un acercarse momentaneo a la querencia.

En poco tiempo llegamos a este sitio. Uno recibe instantáneamente el feeling de estar en un lugar tranquilo y de paz. La gente que camina en las calles se la ve muy joven. Es por la famosa universidad que ahí existe. Se ven grupos de deportistas, gente que disfruta de un café o un helado. Algunos identificados con camisetas o chaquetas. Otros sin identificación. Pero todos con sonrisas, sin apuros ni stress. Al menos eso se siente.

La parte arquitectónica es impresionante. Tanto de los edificios, monumentos y plazas. Los detalles de las edificaciones son perfectos. La vegetación abundante en las calles tapa mucho de esto pero de una forma sutil se mezcla formando un conjunto que solo el ojo puede apreciar. Intento sacar fotografías pero mi cámara no le hace ningún favor a lo que estoy mirando. Así que mejor me dedico a apreciar nada más.

La mayoría de tiendas y almacenes tienen un enfoque para el estudiante. Pero hay otras tiendas de corte lujoso. Debe haber gente que vive por ahí y toda esta zona debe ser muy exclusiva. Eso es evidente.

Después de una linda caminata nos dirigimos a Passaic a comer en un restaurante de comida peruana. Pollos El Chévere. AL ver el menú me dio ganas de un churrasco que por la descripción de Henry se parece mucho a nuestro churrasco ecuatoriano. Los demás pidieron sus platos favoritos y cuando llegaron todos estaban deliciosos. El mío un poco exagerado en la porción pero con un sabor que se desbordaba de mi boca.

Al regresar a la casa estábamos un poco cansados y yo con el malestar en la rodilla. Espero que con otra noche de descanso como la de anoche me reponga. Hay muchas cosas por hacer pero debo estar bien primero antes de nada.

14 septiembre 2011

Bloomfield - New Jersey



10/Sep/2011

Día 112 - 699 km - Total 28.026 km

Lo primero que hice al despertarme el día de hoy fue dar gracias a Dios. Hoy es mi cumpleaños y gracias a él estoy con vida y disfrutando una de las cosas que me gusta hacer: viajar en moto.

El desayuno me serví con calma y arreglé la moto de la misma forma. Antes de salir del hotel hago una llamada a mi amigo Henry con quien me iba a encontrar más tarde ya que iba a llegar a su casa en New Jersey. Han sido más de un mes desde que ibamos compartiendo de nuestro viaje a Alaska y volvernos a ver justo en este día seguro es un regalo.

Ya en el camino no hay mayor cosa que reportar. De todas formas voy tranquilo y siguiendo mi dirección con rumbo este. Una primera parada por combustible. Aprovecho para comer algo y estirar la pierna. El dolor de rodilla sigue ahí. Es algo manejable pero siempre está ahí. Me empiezo a preocupar.

Cuando ya iba de salida fui abordado por un chico con quien me puse a conversar. Se trataba de Paul. Conversamos un buen rato y al contarle que había viajado por sudamérica y cuando mencioné Brasil se emocionó mucho. Al rato vino su esposa Bruna quien es de Brasil. Él había vivido ahí unos años y creo que ahora quisiera irse a Brasil pero en moto. Fue muy interesante hablar con ellos y compartir algo de mi viaje. No se por qué pero tengo la sensación que nos volveremos a ver. Hay veces que me da esa sensación y espero no equivocarme.

Después de despedirme de ellos volví a la ruta solo para encontrarme con la autopista bloqueada por completo. Una señal indicaba que el camino estaba inundado y que se debía tomar rutas alternas. Tomé la salida y tan pronto como pude me detuve a llamarle a mi amigo para pedirle nuevas instrucciones para llegar donde él. Con el Spot logré enviarle el lugar exacto donde me encontraba y a los pocos minutos ya tenía la ruta alterna.

Siguiendo ahora esta nueva ruta voy disfrutando la campiña de Penssylvania. Los caminos angostos y llenos de curva. Era muy emocionante estar en ellos. Se acabaron las autopistas largas, planas y monótonas. Ahora si que daba mucho gusto manejar la moto.

Lamentablemente el placer duró poco ya que nuevamente el camino se interrumpió por las inundaciones de la tormenta Irene. Ya han pasado semanas desde que pasó pero aún hay malestar en las vías. Varios caminos estan cerrados y varios choferes nos encontramos sin saber que hacer. Estaba sin señal del teléfono así que tome un par de rutas sin saber a donde me llevarían. Cuando recuperé la señal le llamé a mi hermano y nuevamente tenía otras direcciones que seguir. Con la esperanza de que estén habilitadas seguí manejando la moto pero con una ligera preocupación ya que este desvio me iba a retrasar mucho.

Sigo manejando mi moto sin pausas excepto una cuando ya iba a retomar mi ruta original para poner gasolina. A partir de ahí seguí manejando con las direcciones originales pero me faltaba recorrer aún la mitad el camino para llegar a mi objetivo.

Me sentía estresado porque me iba a caer la noche pero no quería tampoco quedarme por ahí. Mi amigo y su familia me esperaba y no quería pasar este día solo. Así que me apliqué un poco y ya con la noche a cuestas continué mi viaje.

Ya estaba muy cerca y le llamé a mi amigo a confirmar instrucciones. Todo aparentaba estar bien pero ni él ni yo sabíamos que habían trabajos cerca de donde él vive y que las instrucciones no iban a coincidir. Producto de esto me perdí y al sentir que iba en dirección incorrecta mejor paré a un costado del camino, mandé un Spot y a llamarle a mi amigo. Una vez pedido el rescate era cuestón de esperar.

Pasaron un diez minutos y mi amigo llegó. Fue emotivo verlo pero como estabamos en la autopista no podíamos saludarnos como es debido. Así que empecé a seguirle. Él iba en su carro modelo Odyssey y pensaba que hoy tuve una pequeña odisea cumpleañera.

Al llegar en su casa nos recibieron su esposa Pauli y sus hijas Mili y Cami. Luchi la más pequeñita ya se había dormido. Una cena riquísima me esperaba y al rato unos amigos también llegaron para cenar. Eran Mauricio y su hermano Xavier con su esposa Gaby. Todos comimos y luego me hicieron soplar las velas de un pastel delicioso. Mi deseo fue uno simple. No puedo escribirlo porque no se haría realidad. Pero digamos que no fue algo para mi.

Al fin del día unas cervecitas y una muy buena conversación. Hemos llegado a la costa este de este país. Estamos celebrando! Estamos con amigos!! Muchas gracias por su amabilidad! Dios les bendiga a todos quienes de una u otra forma celebraron conmigo. Presentes y a la distancia! Les agradezco!

Las Cataratas del Niágara



9/Sep/2011

Día 111 - 0 km - Total 27.327 km

El día de hoy lo recibí con entusiasmo pero con el dolor de la rodilla más fuerte. Desayuné y me volví a recostar en la cama un rato más para ver si me pasaba. Hice memoria y ya son algunos días que voy adolorido. No me he golpeado y pienso que es por la forma que debo subir y bajar de la moto. El peso de la bota en el pie y la acción repetitiva seguramente lastimaron algún tejido.

Armado de mis cámaras dejo el hotel a recorrer las famosas cataratas. Empiezo con una caminata leve hacia el río Ontario que es el que forma tanto las cataratas americanas y las canadienses. La ciudad está muy pintoresca y el clima por suerte favorable. Hay muchas indicaciones sobre los caminos así que voy despacio tomandome mi tiempo y disfrutando de los alrededores.

El río es muy grande y caudaloso. Hay mucha gente presente en éste parque pero como ya empezaron las clases me imagino que menos comparado con los meses de vacaciones escolares. Verle al río me emociona y voy de a poco yendo hacia donde están las cataratas.

Después de unos minutos llego hacia el lugar mismo donde cae el agua. Que genial pensé! Es como estar viviendo un sueño para mi. Sentía la fuerza del agua y el rugir de su caida. En el ambiente un viento refrescante. Finalmente las veía y mejor aún: las sentía.

De ahí me fui a la Cueva del Viento. Es una atracción a la cual debes pagar para descender en una escalinata y acercarte al lugar donde cae el agua en el lado americano. A todos dan unos ponchos plásticos de color amarillo y después de unos minutos de bajar y subir gradas finalmente llegué a la base de las cataratas. Se siente una energía impresionante. Uno está a metros y obviamente se termina mojando todo. Con el precio del boleto le dan unas sandalias y una funda para los zapatos. Eso es muy conveniente porque sino sería muy incomodo caminar con todo mojado. Fue increible esto. Una vez más confirmo que me gustan las cascadas. Y estas grandes caidas de agua aún más.

Luego me fui a ver "la herradura" que forman las cataratas en el lado canadiense. Es impresionante ver como el spray del agua que golpea la superficie se levanta tan alto como los edificios que están en el lado de Ontario. El ruido del agua se convierte en una música relajante y el agua misma creo que podría hipnotizar a más de uno. Podría pasar horas ahí. El sitio es muy especial.

Después de esto me fui a otra atracción que es un viaje en un barco acondicionado solo para turistas. Se llama "Lady of the Mist" y ahora en cambio le dan a uno ponchos plásticos de color azul. La espera no fue muy larga y sin darnos cuenta estábamos navegando el río y apreciando las cataratas en todo su esplendor. Cuando se llega a ver las canadienses uno puede sentir en verdad lo grande que son y lo majestuosas. El paseo dura unos veinte y algo minutos pero en verdad vale la pena. Observar los edificios y el Rainbow Bridge desde el río es genial.

En la salida pude mirar desde la torre de observación una panorámica diferente. La altura le brinda a uno la posibilidad de ver todo en un solo cuadro. En verdad cuesta unos minutos poder asimilar todo eso. Es tanta la belleza que llega por todos los sentidos que uno no puede dejar de maravillarse. En el cielo y justo en ese momento un flota de aviones haciendo piruetas para una exhibición que iba a haber el fin de semana. Fue completa mi visita!

A continuación me subí a un tranvía que hace un recorrido corto por los alrededores del parque. Ahí unas pequeñas explicaciones sobre diferentes datos de las cataratas y del parque en si. No duró mucho el recorrido así que pronto me encontraba nuevamente donde lo había tomado en un inicio.

Al final de la tarde en el centro de visitantes observé un pequeño filme que narra historias y leyendas sobre las cataratas. Desde los primeros habitantes indígenas, pasando por las visitas de europeos y también de quienes han hecho cosas inusuales como caminar en cuerda floja o tirarse en barriles en búsqueda de fama. Fue muy interesante ver todo esto. La forma en la que la película se desarrolla es muy entretenida. Y sobretodo la pausa le sirvió a mi rodilla.

Luego me fui al hotel a hacer tiempo para regresar de noche a ver el show de juegos pirotécnicos y las cataratas iluminadas.

Ya de noche el escenario se envuelve en magia y misterio. Las ciudades tanto del lado americano como del canadiense parecen ponerse en pausa. La pirotecnia saca más de un suspiro y las cataratas siguen siendo la parte fundamental del show.

Crucé al lado de Ontario en Canadá y la vista es mucho mejor. Hay mucha gente pero en el aire un toque de romanticismo e ilusión. Caminé largo disfrutando de todo. Podía pasarme toda la noche y ver el sol salir. Fácilmente uno puede hacer eso en un sitio tan especial como éste. Gracias Dios!

Niagara Falls - New York



8/Sep/2011

Día 110 - 622 km - Total 27.327 km

Amaneció con la misma lluvia que noche se despidó el día. Que feo que es eso! Saber que uno tiene que armar la moto en lluvia y salir a rodar así. Mi equipo que apenas se estaba secando otra vez se iba a mojar. Eso no me motiva para nada. Espero una media hora más y la lluvia no calma. Hay que ponerle pecho a las balas. Armo la moto con todo mi equipo puesto incluyendo al casco. Dejo el parqueadero del hotel que estaba con mucha agua empozada. Paso por la cabina del peaje y a mojarse en serio . . . de nuevo!

El camino hoy está gris, inerte y desolado. Trato de animar mi caminar cantando y logro ponerme en onda de cierta manera. Voy en modo automático recorriendo la carretera. En algunos momentos la tormenta me golpea más duro y en otros baja su fuerza. Yo pienso de estos días como pequeños obstáculos en la consecución de algo. Trato de minimizarlos y pretender que no existen. De estos días ya he pasado algunos y pretender cada vez me cuesta más.

Después de un par de horas llego a Cleveland y hago una parada. Tenía hambre así que busqué un sitio para comer. Mientras comía un sánduche veía la lluvia caer y no detenerse. Ni modo. No hay de otra. Debía continuar.

Nuevamente en el camino tratando de pretender que el mal tiempo no existe. Cantar ayuda a mejorar el ambiente. Me levanta la moral. Aunque mínimamente es suficiente. Así sea un punto chiquito la moral debe subir en un día como hoy.

Un cartel enorme me daba la bienvenida a Pennsylvania y al rato otro al estado de New York. Pero luego un rótulo en el camino hace que me emocione algo más. Veo las primeras señales para Niagara Falls. Me estoy acercando a las famosas Cataratas del Niágara. Uno de los motivos principales para haber venido a la costa este de los Estados Unidos. En ese instante ya no importó que me haya llovido tanto. Y como un acto de magia, el sol empezó a brillar

La ruta me llevó por Buffalo y de forma rápida la cruce. Seguía mi dirección atentamente y después de cruzar unos dos puentes enormes llegué al poblado de Niagara Falls en el estado de New York.

La gestión de buscar hotel se me hizo fácil pero ya era de noche. En el hotel un restaurante de comida de la India calmó mi apetito. Era buffet así que aproveché del pollo tandori, del pan naan, del arroz pilau,del korma y del chutney de mango. Que delicia! Han pasado demasiados años desde la última vez que comía esto. Quedé satisfecho y agradecido.

Mañana por fin veré las Cataratas en vivo y en directo. Llevo un dolorcito en la rodilla derecha que me preocupa. Hay que descansar porque seguro tendré que caminar. Así tenga que ir gateando no me importa. Esto no me lo pierdo por nada del mundo.

Montpelier - Ohio



7/Sep/2011

Día 109 - 554 km - Total 26.705 km

La mañana de hoy vino un poco más alegre. El sol brillaba de una manera especial. Hacía también calor pero no mucho. Solo lo suficiente como para disfrutar de la conducción de la moto. Hice todo lo de siempre y salí a la ruta.

Sabía que hoy me tocaba cruzar una ciudad muy grande: Chicago. Así que mientras más me voy aproximando más me voy poniendo nervioso. Una ciudad grande para mi resulta ser sinónimo de gente apurada y desconsiderada manejando sus vehículos. Es por eso que de preferencia las evito si no las conozco. Prefiero transitar de paso nada más.

Ya faltando unos ochenta kilómetros paro en una estación de servicio muy interesante. Le llaman Oasis y ahí encuentras de todo. Gasolinera, comida de diferentes tipos, servicios higienicos, duchas, etc. Aproveché la parada para abastecerme de gasolina y comer un sánduche. Pensé que es preferible descansar un rato y luego realizar el cruce sin tener que parar para buscar gasolina. Mientras comía mi sánduche me rodearon unos niños de Chile. Al verme todo equipado deben haber sentido curiosidad. Me hicieron muchas preguntas y les conté cuando estuve por su país. Recién habían llegado por avión y se maravillaron en pensar que se podía venir en moto. Apenas tenían unos diez años o menos. Creo que iban en alguna excursion de su colegio.

De nuevo en la ruta el tráfico se iba poniendo denso. Es evidente el apuro que tiene la gente. De cierta manera puedo decir que es incluso agresividad. Trato de mantener un ritmo acorde a la autopista y me aseguro super bien al momento de realizar cambios de carril. Las señales están ahí pero siempre terminas haciendo algo malo como estar en el carril equivocado queriendo tomar una salida sin querer de verdad. Un par de maniobras de último momento las hice con el susto que las acompaña. Por suerte la gente a pesar de su apuro me colabora y sigo en el camino correcto.

Chicago es una metropolis. A la distancia se ve su tamaño. La altura de sus edificios intimida. Pero a pesar de todo esto y que solo estoy cruzando, me siento ilusionado. Se la ve muy moderna y mucho mejor que cuando se la ve en alguna película. Es una lástima que deba seguir y no quedarme pero no puedo ir conociendo todo. Hay otros sitios que si me llaman la atención y que pienso dedicarles más tiempo.

Justo en pleno cruce escucho un estruendo en mis orejas. Un camionero me pitaba bastante raro. Desacelero para dejarlo pasar y él se encontraba a mi derecha. Al regresar a verlo me saca su mano con su pulgar arriba y con su dedo índice me señala la parte frontal de mi moto. No entendía: pensé que hice algo malo o algo ocurría a la moto. La insistencia de su señal me llevó a señalar sobre el faro de mi moto. Lo hice como para calmarlo. Al momento que yo hacía esto el pito nuevamente y cerro su puño sacudiendolo vigorosamente. Finalmente entendí. Era un compatriota. Debió haber visto Ecuador en la placa y luego nuestra bandera al frente y se emocionó. Lo rebasé y le devolví el gesto del puño cerrado. Cómo pitó ese señor! Que emoción sentíamos los dos!

Después de eso el camino siguió igual pero yo estaba animado. Eso hace una diferencia muy grande. Crucé Chicago y luego crucé casi sin sentirlo hacia el estado de Indiana. Aquí varios peajes aparecieron. Uno de ellos tenía gente cobrando, otros tenías que usar monedas en una máquina y otros incluso aceptaba tarjetas de crédito. No eran muy costosos pero si frecuentes. Creo que el más caro llegó a costar 7,50 USD.

El último tercio del camino lo hice con lluvia. Cayó un aguacero tremendo que me empapó de pies a cabeza. Era aún temprano pero la visibilidad se redujo considerablemente. El spray que levantan los vehículos complica todo y hace de conducir una moto algo bien riesgoso. Siento que me pierdo en esa estela de agua. Tengo temor que no me vean y de ser embestido por alguien así que decido salir del camino sin cumplir lo que me había propuesto. Estaba en el estado de Ohio.

Dejé la carretera en la primera salida que apareció. Pagué un peaje y a la señora que atendía le pregunté por un hotel. Me explicó que hay unos cerca y me fui directo hacia ellos. En el primero que encontré entré. Le pedí a Dios que haya una habitación disponible ya que estaba muy incómodo con la ropa mojada. Por suerte si hubo espacio.

Ya con eso resuelto ahora debía calmar mi hambre. Pensé en cambiarme la ropa pero al hacerlo iba a terminar con todo absolutamente mojado así que me fui a un restaurante con el equipo de la moto. Tenían un especial tipo buffet pero solo de pescado. Ni modo. A comer lo que se pueda. Creo que comí hasta igualarme de los días que no había comido. También comí por los días que se venían solo por si acaso.

Una vez satisfecho me fui al hotel. La lluvia no paraba pero ya no me importaba. En mi habitación una ducha bien caliente y a poner todo el equipo por todos los lados posibles para que se seque un poco. Yo caí rendido. Dormído en instantes. Larga fue la jornada.

Madison - Wisconsin



6/Sep/2011

Día 108 - 437 km - Total 26.151 km

Es otro día más que me levanto casi sin despertarme. La rutina continúa en este transitar por los Estados Unidos y casi no me motiva a nada. Desayuno en el hotel, equipo la moto y retomo la ruta. El motel está muy cerca a la carretera y una gasolinera también. Tanqueo la moto y en cuestión de unos minutos ya estaba en camino.

Me estoy aproximando al cambio de aceite de Libertad así que debo hacer un pequeño desvio en mi viaje para llegar a Chippewa Falls donde se encuentra un dealer de la KTM. El camino no brinda mayores encantos pero el saber que iba a variar en algo la rutina me alegraba de cierta manera.

Al llegar donde el concesionario me informan que la gente ha salido al almuerzo. Solo estaba el personal de ventas quienes también eran motociclistas. Las preguntas vinieron lentamente aunque son las típicas. Poco a poco ibamos conversando sobre el proyecto y no lo creían. La gente lamentablemente se fija ciertas ideas en su cabeza que luego les cuesta romperlas. Pensar que una moto de enduro haya hecho este viaje les es difícil creer. Mientras esperábamos revisamos la página web y mi cuenta del Facebook y ni aun así se convencían. Increible dijeron. Les dije que ahora podían tener un poco más de fe en las motos que estan vendiendo.

Después de una hora llegaron los mecánicos y procedieron al cambio de aceite y limpieza de filtro. Se demoraron poco en realizar todo esto así que mi moto estaba lista. Ahora si y con el dolor del alma me tocó revisar su trabajo. Les expliqué que no eran ellos pero que debido a una mala experiencia estoy obligado a hacer esto. Entendieron mis razones. Me despedí de ellos y continué.

De regreso a mi ruta planificada me encuentro con lo mismo. La demora en la espera significó que hoy ibamos a hacer un poco menos del promedio del kilometraje que hemos venido haciendo.

Las aves están migrando al sur. Se ven bandadas grandes de ellas. Yo también voy al sur. Siento que vuelo con ellas. Seguro su compañia me caería muy bien.

La noche está llegando. Nuevamente improviso y busco refugio. Estoy en Madison pero quisiera estar ya en otro lado. Hay que tener paciencia. Como dice un dicho que escuché alguna vez: Roma no se construyó en un solo día.

06 septiembre 2011

Hudson - Wisconsin



5/Sep/2011

Día 107 - 609 km - Total 25.714 km

Como todos estos últimos días me levanté un poco tarde. Quiero descansar lo que más pueda en las noches pero o es la calefacción, o el ruido de la gente o de los carros que me impide tener una buena noche. De todas maneras me despierto e inmediatamente quiero ponerme de buen ánimo para empezar la jornada con pie derecho.

Salgo de mi habitación y enseguida soy abordado por dos personas. Vienes de Ecuador me dicen y yo les respondo que si. Empiezan a hacerme una serie de preguntas las cuales contesto con bastante detalle. Era el dueño del motel y uno de sus empleados. Mientras hablabamos me dice que quiere que venga la gente del periodico local y empieza a hacer llamadas. Como hoy es feriado aca en Estados Unidos le contectan que no están trabajando. Me dice que está muy impresionado con todo así que decide escoltarme hasta la gasolinera ya que quiere pagar por mi combustible. Se llamaba Jay y debe haber tenido unos sesenta y más años. En la gasolinera pago por la cuenta, me bendijo y nos despedimos. Nuevamente recibo la ayuda de la gente.

Salgo contento de Jamestown con rumbo a Fargo. El camino nuevamente repite paisajes y escenas pero se nota que estoy entrando a una zona más habitada. Solo hace un par de días podía pasar horas sin ver un rótulo. Ahora debo estar muy atento para no perder mi camino ni mi rumbo.

Cuando llego a Fargo quiero poner gasolina y comer algo. Digamos que no fue una decisión acertada. Dejo la autopista y me meto dentro de la ciudad. En la carretera había rótulos de gasolineras y de sitios para comer pero no aparecieron por ningún lado. Disminuyo la velocidad y me concentro pero nada. Deberían haber estado ahí cerca pero no aparecían. En eso y a último minuto el rótulo. Era demasiado tarde. Me pasé de largo.

En cada intersección es una mezcla de vías que es difícil saber si se puede o no dar la vuelta. Sin saber donde estoy yendo tomo unas calles y trato de mantener la orientación. Se que debo devolverme y en una simple ruta que debo girar hacia la izquierda. Pero para obtener lo que quiero tengo que ir hacia la derecha. No me lo esperaba asi que con mucho cuidado hago los cambios de carril. Un poco brusco para mi gusto pero no había de otras. Decido a la final salir de la ciudad y buscar un poblado más pequeño.

Más adelante encuentro otras señales de gasolineras y efectivamente era más manejable la situación. Aprovecho para almorzar algo y de paso descansar. Estaba en Barnesville en el estado de Minnesota.

Nuevamente retomo la Highway 94 con rumbo a Minneapolis. El camino cada vez se pone más saturado así que debo ir cuidando todos los frentes. Para mi todo esto es como ir transitando nada más. Hay sitios y ciudades que se han oido hablar por su importancia y tamaño pero no tengo interes de visitarlas. Voy cansado y de cierta manera voy con menos ilusión. Los paisajes naturales que se veían al norte me emocionaban mucho más. Ahora el camino se ha hecho predecible. Ha perdido el encanto.

Faltando unos cien kilómetros antes de llegar a Minneapolis hago un alto en un pequeño pueblo llamado St. Joseph. Paro para conseguir gasolina ya que se que ir por los alrededores de esa gran ciudad que es Minneapolis iba a ser estresante y a velocidad. Aquí soy abordado por un par de muchachos que iban en sus motos. Se emocionaron tanto con verle a Libertad ya que también les gusta la conducción offroad. Conversamos unos minutos y luego cada quien siguió con su rumbo. Estos encuentros espontáneos son muy interesantes. Aunque breves me hacen saber más de cómo piensa la gente de aquí.

Al acercarme a Minneapolis empecé a sentir el stress de una gran ciudad. Rotulos con mucha información. Carreteras que salen y otras que se unen. Cientos de carros con choferes apurados. Hay que mantener un ritmo mínimo de velocidad por ley. La hora del día no ayuda ya que el sol está muy bajo y me encandelilla por mis espejos. No veo muy bien qué hay detrás de mi. Debo mirar bien sobre mis hombros para asegurarme antes de cambiar de carril. Toda la periferia debe haber durado unos cuarenta y cinco minutos. Nada agradable cuando no se sabe exactamente a dónde debe uno ir.

A la final me alejé de la ciudad pero parecía que he entrado en una mega ciudad. Los rótulos de distancias largas a poblados vecinos ya no se muestran. Lo que pasa es que los poblados están uno tras otro pero juntos. Solo hay direcciones para calles y avenidas dentro de estas ciudades. Sigo tratando de no salirme de la carretera y confiando que voy en la dirección correcta.

Cruzo un puente grande sobre un río que no mostraba nombre y justo al final una señal dando la bienvenida a Wisconsin. La noche llegaba. Ha sido otro día interesante. Estoy en Hudson y me muero por descansar. La mente y el cuerpo están a límite. Mi espíritu aún quiere dar más.

05 septiembre 2011

Jamestown - Dakota del Norte - Estados Unidos



4/Sep/2011

Día 106 - 573 km - Total 25.105 km

Hoy nuevamente me despierto y me encuentro desubicado. No se donde estoy. No se donde está la moto. No se si voy o si vengo. Que fea es esa sensación. Hago memoria y retorno a la realidad. Una ducha breve. La empaquetada de todo vino luego. La moto se armó y nuevamente a la carretera. Rumbo a la frontera con Estados Unidos.

La última parte de mi recorrido en Canadá se desarrolla sin mayores contratiempos. Voy despacio y sereno. Haciendo memoria de lo que ha ocurrido en este país. Buscando esos detalles especiales. Haciendo que mi pulso se agite con el solo recuerdo. Dejo la nostalgia a un lado y me lleno de agradecimiento. Cómo no estar agradecido con la vida, con Dios pero sobre todo con mi prójimo. Me llevo lindos recuerdos de este país.

Antes de llegar a la frontera pude observar una cosechadora enorme en el camino. Me puse como niño en tienda de juguetes. Saqué la cámara al paso para tomarle una foto. En verdad que son enormes. Una vez a su lado me sentía como una hormiga. Los pocos vehículos que hay también detienen su marcha para contemplar esta máquina enorme. Estas por el sur no se ven a menudo.

Al llegar al poblado de Estevan invade el ambiente un olor a combustión. Bien fuerte y desagradable. Hay algunos pozos petroleros pequeños desperdigados por ahí pero el olor no venía de ellos. Uno de los rótulos decía que en esa ciudad se genera energía. Me imagino que debe venir de los generadores.

Poco a poco me iba acercando a la frontera y como siempre los nervios ganan un poco de terreno. Un letrero daba la despedida de Canadá y otro la instrucción de detenerse. Nuevamente a cruzar frontera.

Cuando llega mi turno, me piden el pasaporte. Las mismas preguntas del guión que deben repetir los oficiales las contesto con normalidad. Pero el momento que no quería que llegue vino más pronto de lo anticipado. Abra su maleta! Me dijeron! Y abrirla fue lo que hice. Pero antes tocó bajarla de la moto con la consiguiente demora que eso implica. Mi vieja tecnica del calzoncillo encima de todo funcionó de maravilla. A penas dieron un vistazo y me dijeron que la cierre. Luego vino el turno de la mochila y de la riñonera. Al final, y esto fue nuevo en una frontera, me hicieron sacar el body armour para revisar las partes acolchonadas. Después de esta minuciosa inspección que se realizó bajo el sol me dijeron: Bienvenido a América!

Aproveche la pausa para sacarme la chaqueta ya que estaba sudando. Parte por los nervios pero más por el sol. Mando un mensaje del Spot mientras acomodo todo nuevamente en una esquina. Una vez listo retomo el camino. Estamos nuevamente en los Estados Unidos y como siempre mi agradecimiento a Dios y la petición de que aleje de mi moto a los mecánicos descuidados quienes pueden atentar contra ella.

Unos minutos más tarde una parada fotográfica en el rótulo que da la bienvenida al Estado de North Dakota y a partir de ahí no paramos sino hasta cuando fue estrictamente necesario. Mientras esto ocurría disfrutaba del camino y del cambio de paisaje. Los cultivos de trigo desaparecieron y fueron reemplazados por los cultivos de maíz. Las proporciones se mantienen pero la planicie que se observaba en Canadá fue también reemplazada por unas pequeñas montañas y valles.

Al llegar a Minot debo parar por dos motivos. Combustible y comida. Por suerte en una estación encuentro ambos y procedo a llenar los tanques. Me doy cuenta de los precios. En los Estados Unidos es más barato comparado con Canadá. Pero aún así es caro comparado con los precios de Ecuador. También noto que la hora ha cambiado. Se ha adelantado una hora con lo que vuelvo a estar a la misma hora de mi país. Eso facilitará mucho los contactos con mi familia y amigos.

Nuevamente regreso el camino y ejercito mi mente llevando la información de millas a kilómetros. Cada rótulo que tiene mi siguiente destino lo voy multiplicando por 1.6. Empiezo redondeando para establecer la relación con mi combustible pero luego trato de hacerlo preciso. Uso mis dedos y todo lo que más puedo. Es algo que me brinda entretenimiento por unos minutos. Todo sirve para alejar la mente del cansancio.

Así recorro la última parte del día. Nuevamente el ocaso me quiere ganar pero no me dejo. He llegado a Jamestown y he decidio quedarme aquí. Cada día voy avanzando más, cada día falta menos.

04 septiembre 2011

Weyburn



3/Sep/2011

Día 105 - 680 km - Total 24.532 km

El día comenzó relajado y con un desayuno. Eso en un motel por estos lares es cosa muy extraña así que hay que aprovechar. Una vez cargado "combustible" para el cuerpo empaqueté mis cosas, armé la moto y salí.

Hace sol y el camino está disfrutable. La autopista de cuatro carriles me va llevando por unas rectas que parecen no tener fin. No puedo ver el horizonte por ningún lado. Es tan basta esta planicie que parece como si se pudiera apreciar la curvatura de la tierra. Me recuerda mi paso por Bolivia. Ahí tuve el mismo sentimiento.

Los cielos muestran todas las tonalidades de azul. A la distancia un celeste pastel y sobre mi un azúl profundo. A penas unas nubes interrumpen esta gama de tonalidades. Por suerte todas blancas.

Los cultivos de trigo también me rodean. Si el cielo está pintado de azul, la tierra está pintada de amarillo. De igual manera parecen no tener fin estas plantaciones. Son enormes. Todas bien dispuestas, con sus plantas que parecen haber crecido simetricamente y a la perfección y con apenas uno que otro camino que debe ser usado para meter la maquinaria.

Puedo apreciar gran cantidad de tractores y cosechadoras. Parecen ser de juquete pero de tamaño gigante. Me da ilusión mirarlos. Parqueados en las granjas o junto a los silos. No se los ve en movimiento pues parece que toda la cosecha ya ha sido realizada. La parte de trigo que ha quedado se la junta para los animales en unos rollos muy grandes. No se ve gente ni ganado. De vez en cuando aparece un o dos caballos por ahí pero nada más. Aunque linda la imagen, ésta se repite kilómetro tras kilómetro. Después de los primeros doscientos ya se vuelve monótono.

Mi primera parada vino en Saskatoon para combustible. Casi como en todas las ciudades hay una ruta periférica. La tomo para evitar el tránsito y sigo de largo. Ahora me fijo como objetivo Regina al sureste.

Nuevamente el paisaje no cambia ni brinda mayor entretenimiento. Lo único que resalta son los carros chocados que están al margen del camino. Si no están chocados son carros viejos que están ahí. Botados. Y si no es ninguno de los dos anteriores son los tractores que ya no deben usar. No se cual es el objetivo de ponerlos ahí pero seguro fueron puestos con alguna razón.

La carretera está vacia y el tiempo se vuelve lento en su transcurrir. Empiezo a sentirme adormitado y hago lo imposible por mantenerme despierto. El sol sigue ahí pero no está tan caliente por suerte. Canto y me muevo sobre la moto. El cansancio quiere ganarme.

La segunda parada fue en Regina y apenas iba entrando sabía que no quería atravesar esa ciudad. Se la observaba como un monstruo queriendo devorarme. Hago una pausa en la primera gasolinera que encuentro y averiguo por una ruta alterna. Bebo un refresco bien frío para despertarme y con la moto tanqueada salgo nuevamente al camino. Manejar la moto en estas ciudades grandes sin conocerlas resulta complicado. Es mejor ubicarse en un sitio pequeño en donde todo está a la mano.

Manejo los últimos cien kilómetros ya con los últimos minutos de sol. El ocaso fue espectacular. Puso los cielos de color rojo anaranjado. Fue lento y lo disfruté mucho. Un cuarto de luna decoraba la escena. Paz.

Al llegar a Weyburn llegué ya a oscuras. Busco refugio en un motel e inmediatamente salgo a comer. De regreso me doy cuenta que mi look está un poco descuidado así que creo que hasta aquí llegaron las barbas. Mañana si Dios quiere cruzaré la frontera con Estados Unidos. Mejor ir un poco más presentado.

Parece que será mi última noche en Canadá. Me llevo gratos recuerdos y buenas amistades. Se que volveré y de eso estoy seguro. Muchas gracias a todos. Muchas gracias por su gentileza. Gracias por haber hecho de mi estadía placentera. Gracias por haberme extendido la mano cuando más lo necesité. Dios les pague.

Lloydminster



2/Sep/2011

Día 104 - 462 km - Total 23.852 km

Se me hizo raro despertarme en un hotel nuevamente. Esos días en la casa de mis amigos Don y Cathy realmente me hicieron familiarizarme con su hogar pero en especial con la cama donde dormía. Era super cómoda y cuando me acostaba me dormía como un bebé. Ahora no fue así, siempre los olores, las texturas, y todo es diferente. Ni modo. Toca volver a acostumbrarse a la simpleza del camino.

Armo mi maleta y me visto con mi traje de moto. Se siente extraño volver a ponerme todo. Pero la vieja rutina y el proceso aún están ahí. Lo único es que me toma un poco más de tiempo en estar listo. No me preocupa.

Dejo el hotel con todo mi equipaje al hombro. Tengo que caminar unas tres cuadras a KTM Riderz pero lo hago con gusto. La mañana está fría y la carga pesada. Es que ahí van mis anhelos, mis ilusiones, mis sueños. Hago ese pequeño sacrificio con humildad. La gente me mira pasar y me regresan a ver. Debo ser una imagen que no calza en su panorama. Ellos calzan perfectamente en el mio. Son testigos mudos de mi caminar.

Llego a Riderz y saludo con Jason y su esposa Tracey. Lo primero que hago a continuación es verle a Libertad. Tiene una pinta excepcional. Con las luces del taller que reflejan parece como si sería una moto nueva. Sigo pensando que ha dado mucho y con eso mi compromiso de hacer lo necesario para que de más. Revisamos juntos con Jason y el mecánico Claude lo que se ha hecho en la moto. Todo parece estar perfecto excepto la sensación del embrague al accionarlo. Lo sangramos y mejoró mucho. Ahora si estamos listos para continuar la aventura.

Una vez más viene la generosidad de la familia KTM. Le llamo familia porque asi se siente. Hemos sido unos desconocidos los unos con el otro pero sentimos la misma pasión. Eso nos envuelve en una hermandad. Jason, totalmente se ha puesto la camiseta de Libertad en América y generosamente dona las ganancias y la mano de obra en esta reparación. Pagué el valor de las piezas al costo, me equipé y me fui. Lleno de gratitud. Lleno de ilusiones. Lleno de fe.

El rencuentro con el camino me trajo una mezcla de situaciones. Me hizo sol, me lluvió y también hizo viento muy fuerte. Poco a poco voy avanzando y pasando por pequeños poblados hasta que llego a Edmonton. Es una ciudad enorme y el tráfico típico de cualquier mega urbe.

Tengo dificultad en recorrer unos pocos kilómetros por la saturación del tráfico. Para colmo de males varios vehículos averiados interrumpían más el camino. De a poco fluía. Muy lentamente para mi gusto. En una de las intersecciones dejo el camino momentaneamente en búsqueda de combustible y de algo que comer. Le siento a la moto muy caliente. A esa velocidad no se refrigera bien. Llego a un parqueadero y le dejo descansar. Yo también tomo un descanso mientras como algo. La gasolinera está al frente así que cruzo, le tanqueo y nuevamente salgo a la autopista 16 con rumbo este.

Dejar la ciudad fue mucho más fácil. En cuestión de minutos nuevamente disfruto los paisajes de las praderas. Canada es un país gigante y con muy poca gente. Se puede apreciar en el camino. Los pocos motociclistas que nos encontramos en la vía nos saludamos. Unos vamos y otros vienen. Pero siempre el saludo está ahí. Hermanos del camino.

Luego de manejar unas tres horas más llego a Lloydminster y me hospedo en un motel justo en el camino. Estoy cansado y aunque pensaba manejar más me doy cuenta que la noche iba a llegar más pronto que en el norte. Mejor me aseguro y descanso para mañana volver a la ruta.

Tengo hambre y salgo a buscar algo que comer. La ciudad aparenta ser grande pero todos los restaurantes que hay cerca del motel están cerrados. Son las nueve y media de la noche. No entiendo. No hay que comer pero hay como diez bares abiertos. Me imagino que aquí uno se muere de hambre pero no de sed. En una gasolinera me compro un sánduche y una bebida. Esa fue mi cena.

Llego a mi habitación caminando. La noche fría y oscura. No hay nadie con quien conversar. Nuevamente somos Libertad y yo. Nuevamente dependemos el uno del otro en estos senderos de aventura. Nuevamente estamos en el camino. Nuevamente.

02 septiembre 2011

Tomando impulso



31/Ago/2011 - 1/Sep/2011

Día 102 - 103 - 160 km en furgoneta - Total 23.390 km

Los repuestos de mi moto han llegado ya a KTM Riderz en Edson y ahora el problema era cómo llevar la moto hasta allá. Digo era porque más que ser un problema, se convirtió en una oportunidad de nuevamente confirmar que las personas buenas están en todos lados.

Don tiene un amigo que hace entregas de documentos bancarios todos los días. Sale en la mañana desde Edson, pasa por Hinton y luego llega a Jasper. En la tarde hace el recorrido contrario. Su nombre es Ken y la empresa Jasper Express. Don le explica la situación y en cuestión de minutos ya le estábamos cargando la moto a la furgoneta. Tocó sacarle los espejos y el deflector de viento pero entró. Con las justas claro está.

La moto se adelantó un día. La intención era ahorrar una noche de hotel y al siguiente día irme yo a Edson con la ayuda de Ken. A pesar de que él hace esa ruta siempre, es un negocio el que él tiene pero no me cobró nada en absoluto. Debe ser que la gente amable se rodea de gente amable. En mi caso es un compromiso para tratar de ser mejor persona.

Una vez más empiezo a empaquetar mis cosas y seguir el ritual que sigo antes de dejar un lugar. La ropa y equipo están recién lavados. Mis botas y casco fueron limpiados meticulosamente por Cathy quien simplemente los limpió sin decirme nada. Parecen como nuevos. Voy a estar brillando en la carretera. Pero más que mi equipo brillará mi sonrisa por haber conocido a estas personas.

He dejado Jasper con una mezcla de sentimientos. Ese abrazo que recibí de Cathy y de Don fueron muy especiales. De aquellos que muestran sentimiento y sinceridad. Me dio pena dejar su casa, dejarlos. Pero estoy seguro de que nos volveremos a ver en algún lugar. Dónde? Eso será irrelevante.

Muchas gracias mis amigos de Jasper. Ustedes lograron convertir el momento más oscuro de mi viaje en uno tan especial e inolvidable. Dios les bendiga.

31 agosto 2011

Trabajando en Jasper



29/Ago/2011 - 30/Ago/2011

Día 100 - 101 - 0 km - Total 23.390 km

Dados los últimos acontecimientos y la prolongación involuntaria de mi estadía en Jasper, he sido nuevamente invitado por Don a trabajar en sus proyectos inmobiliarios. Ahora como ayudante de albañilería.

Están construyendo una nueva casa y están recién en los cimientos así que necesitan tener las estructuras para la fundición de las paredes de contención. Todo aquí es un proceso diferente a lo que normalmente veríamos en Sudamérica así que es interesante aprender estas nuevas técnicas.

Mi trabajo consistía en armar la red con las barillas de refuerzo. Una a una son cortadas en la medida precisa y hay que unirlas con unos alambres para que queden seguras y sujetas unas a otras. Poco a poco se va armando la estructura y se recorre el perímetro de la futura casa. Esto practicamente tomó los dos días que pasé ahi.

También se ponen los soportes de madera y se los asegura con unos ganchos. Esto es trabajo de grupos de dos personas ya que hay que hacer coincidir los ganchos en los huecos. Cada plancha de madera tiene 12 o 18 huecos así que es un tema que lleva un poco de tiempo hasta que entren los ganchos en los huecos.

Nuevamente estaba trabajando con Chris y con los otros muchachos. Pero practicamente Chris y yo nos encargamos de todo esto entre los dos. Las estructuras quedaron listas para recibir al cemento que debe llegar en un par de días más.

Por las noches en cambio sigo de cocinero para mis anfitriones. He repasado algunos platillos de la gastronomía ecuatoriana y les ha gustado mucho. Especialmente las menestras con arroz. Al punto que han invitado a sus amigos a que vengan a comer con nosotros lo cual me pone un poco de presión pero todos son muy amables y se acaban todo lo que he preparado. Lástima que no hay ají si no les dijera que: comida mala con ají resbala!!

Aunque es muy bonito todo esto, he vendio poniendo presion a la gente de los repuestos. Quiero volver a la ruta pronto ya que todavía falta por recorrer. Sin duda Jasper y su gente linda se irán conmigo. Se irán en mi corazón.

Fin de semana en Jasper



27/Ago/2011 - 28/Ago/2011

Día 98 - 99 - 0 km moto - 53 km bicicleta - Total 23.390 km

Este fin de semana ha sido muy especial. He realizado varias actividades que han logrado que deje de pensar un rato en los problemas de la moto y que disfrute de la compañia de mis amigos.

Con Cathy nos fuimos a caminar por los alrededores de Jasper. Hay un sendero que bordea la ciudad por las montañas. Como toda esta zona es un área protegida, se puede disfrutar de la naturaleza en su máximo esplendor. Y todo a unos pocos minutos de su casa. El sendero empieza al lado de un riachuelo donde hay unos peces pequeñitos, de a poco se interna en las montañas pero las gradientes son mínimas. Uno no se da ni cuenta y ya está en medio de un bosque mágico. Parecía que cada árbol se iba a mover repentinamente. Muy especial el sitio.

De regreso a la ciudad hicimos unas compras para yo prepararles unos "Llapingachos" ecuatorianos. Son unas torillas de papa que se acompañan con huevo frito y chorizo. También con una ensalada de cebollas y tomates. Por suerte todo me salió muy bien y mis anfitriones quedaron deleitados con esos nuevos sabores que probaron. Como broma Don me dice: ojalá no arreglen tu moto hasta Diciembre! Creo que se insinuó para que le prepare la cena navideña.

Con la ayuda de Don le pegamos una buena lavada a mi moto. Desde el viaje a Prudhoe Bay se quedó con mucho lodo acumulado. En Faribanks le di su lavada pero no quedó tan bien. Don insistió que le desarmemos y que le lavemos de ser posible con un cepillo de dientes. Así que marchó mi cepillo de dientes pero la moto quedó como nueva. Flamante unidad! Lo único malo es que descubrí que uno de los pernos que sostiene el subchasis se había roto. Así que la lista de repuestos ha aumentado. Mirando sobre lo que hemos viajado es mucho lo que se ha recorrido. La pobre Libertad ha aguantado mucho palo. Largas jornadas de duros caminos. Estas pequeñas cosas en realidad no son nada. Obviamente son cositas que preocupan pero para la magnitud del viaje son ínfimas.

También salimos en las bicicletas a la cascada del Río Athabasca. Hicimos una ruta por la carretera antigua que tiene 23 kilómetros. Como no estoy habituado a las bicis se me hizo un poco difícil pero disfruté mucho. Cuando llegamos era impresionante ver la cantidad de agua que se abría paso por medio de la roca. Muchos turistas vienen a visitar este punto. Es por su belleza: el río, el sonido del agua, el paisaje, la naturaleza. Muy especial. De regreso fuimos por otro lado. Llegué a Jasper sintiendo a mis dos piernas. Que rica sensación.

Sin duda fue un fin de semana especial. Variando las actividades y compartiendo con mis amigos. Que afortunado que soy.

Jasper - Descanso obligado



26/Ago/2011

Día 97 - 0 km - Total 23.390 km

He descansado como que si estuviera en mi propia casa. A pesar de los problemas mecánicos que estoy teniendo pude dormir bien. Definitivamente llegar donde un amigo que te acoje en su hogar como a un miembro de su familia es lo máximo. Cuando se está en la ruta y con problemas es como llegar a un santuario.

El desayuno fue preparado por Cathy. Kevin y yo disfrutábamos de la hospitalidad de ella. Al rato vino Don para saludarnos y dejó instalada la manguera de presión para que Kevin lave su moto. Después del desayuno él se puso a limpiar su vehículo y yo a hacer unas llamadas a la gente de KTM del Ecuador y luego a la gente de KTM Riderz acá en Canadá.

El apoyo de la gente de Cuenca es espectacular. Sobre la misma llamada me iban dando los códigos de las piezas que necesitaba cambiar. Como ellos ya han experimentado este tipo de daños antes me hicieron algunas sugerencias que a mi ni si quiera se me había ocurrido. Cosas como cambiar unos pernos, O rines y otras cositas más. En realidad me siento respaldado por nuestro concesionario a pesar de estar muy distantes. Hacen un buen trabajo postventa.

Con toda esa información hice mi pedido y nuevamente me toca entrar en la sala de espera. Para mi es una de las cosas más frustrantes. Depender de unos repuestos, de que lleguen, de que se los instale para poder seguir con mi aventura. Así son los fierros dijo alguien una vez, nunca avisan cuando se van a dañar. Solo se dañan. Lo importante es que yo estoy bien. Lo demás en este caso es lo de menos.

A Kevin le ayude a equipar su moto y tan pronto estaba listo salió nuevamente a la ruta. Aunque breve nuestra convivencia, la disfrute mucho. Se fue el "rescatista" con su fiel compañera. Buena suerte hermano, buenas rutas. Estoy convencido que nos volveremos a ver. A lo mejor en Ecuador.

El resto del día fue de descanso. Conversando con Cathy sobre lo que ha sido mi viaje y poniendole a mi familia y amigos al tanto de lo que estaba ocurriendo.

Libertad descansa y yo también. Nuestro viaje en moto se pone en pausa. Hay que disfrutar de estos momentos tamién y apreciar las circunstancias. Trato de ver el lado positivo aunque me cueste. En todo hay algo bueno. Lo difícil es descubrirlo.

30 agosto 2011

Jasper


25/Ago/2011

Día 96 - 497 km - Total 23.390 km

Otro día más que me levanto cansado pero hoy no le iba a dar oportunidad al mal humor. Hoy toca darle mantenimiento a la moto y además voy a volver a ver a mis amigos en Jasper y eso me compone el día.

Salgo del hotel siguiendo la misma rutina que todos los días y le apunto directo a Prince George. Ahí también ha habido un consecionario de la KTM. Yo no sabía este dato pero les contacté de último momento y me esperaban para darle mantenimiento a la moto.

Cuando llegué donde ellos se sorprendieron al verme con Libertad. Que vienes de dónde? Te fuiste a dónde? En esa moto? Es increible cuánto les asombra mi recorrido y la capacidad de la moto. Me complace de cierta manera porque después de admirarse de la moto se admiran de mi. Debes estar loco me dicen. Es lo que he oido ya algunas veces decir de mi, les respondo.

El cambio de aceite va sin mayores contratiempos y nuevamente recibo la generosidad de la familia KTM. Ahora me regalaron el aceite. Me despido de todos muy agradecido y me voy. Ahora si a verles a mis amigos.

En cuestión de dos días el paisaje ha cambiado enormemente. Los bosques grandes y frondosos han dado paso a pastizales del mismo tamaño. Es notorio que estoy en territorio de vaqueros. Las reses, los caballos y los jinetes están por todos lados. Es muy bonito ver estas escenas, especialmente con un poco de sol.

Llegué a McBride sin problemas. En la gasolinera me detengo por unos minutos para descansar mientras me tomo un refresco. Justo en eso aparece Kevin, el irlandés que hace unos días me había regalado un libro. Nos emocionamos mutuamente por volver a vernos e inevitablemente comparamos las notas de nuestros viajes.

Ambos íbamos a Jasper así que acordamos en ir juntos. Le advertí que yo iba a ir lento comparado con su moto. Mi motor es de 525 cc y el de él de 1200 cc. La diferencia es grande pero a él no le importó. Vamos iguales me dice. Tú eres el guía.

Salimos de McBride con rumbo este y a los pocos minutos nos encontramos con la escena de un choque de carros. La policía había organizado un desvío donde aprovechamos para tomarnos unas fotos. De nuevo en la carretera todo iba de maravilla hasta que lo que tanto me temía sucedió. Solo sentí un sacudón, el motor se aceleró demasiado y el embrague hidraulico perdió presión. Salgo de la carretera y me detengo. La cadena se había roto y por el efecto del latigazo rompió la bomba del embrague.

Muchas ideas pasaron por mi mente en ese momento. Las que más retumbaban eran las que me acusaban de falta de precaución. Debí haber cambiado la cadena antes, debiste haberte dado cuenta Julio! Me decía hacia mi interior con una voz de desconsuelo. Qué rabia que sentí en ese instante. Todas esas ideas eran inútiles pues no iban a llevarme a ningún lado.

Lo bueno de todo es que no estaba solo. Dioscidencias nuevamente. Alguien arriba me quiere y ahora el ángel era Kevin. Llegó antes de que lo necesite.

Intentamos reparar la cadena pero todo fue inutil. Le pregunté a Kevin si había remolcado a alguien anteriormente y me dice que no. Le pregunté que si podíamos intentar y accedió. Usando mis tiedowns aseguro la parte posterior de su moto y en un principio iba a unir a mi estribo. Kevin no se siente cómodo con la idea. Opina que si algo llegara a ocurrir debo tener la opción de liberarme. Así que terminamos dandole una vuelta al manubrio y teniendo el tiedown con mi mano izquierda.

Los primeros kilómetros fueron difíciles ya que no llevábamos una velocidad constante. Cada templón de la cinta me sacudía todo. Pero me aferraba con todas mis fuerzas para no dejar ir el tiedown. Justo en eso un rótulo indicando que faltan 100 km para Jasper.

Mientras ibamos avanzando la remolcada se puso más estable. Hicimos tres paradas entes de llegar a nuestro destino. En cada una de ellas disfrutábamos del cielo estrellado. Increible verlo así. No había ni una nube, solo una cobija de estrellas titilantes nos cubría.

Llegamos a Jasper a las once y media de la noche. En la última curva antes de llegar a la casa de mis amigos Don y Cathy algo sucede inesperadamente que hace que Kevin se caiga de su moto en cámara lenta. Yo sin poder dejar mi moto parqueada en la pendiente casi me caigo igual. Como nos reíamos, parecíamos dos niños que acabaron de hacer una travesura. Esos últimos veinte metros lo hicimos empujando las motos entre risas y comentarios.

Cathy me estaba esperando y se encontraba preocupada. Al no tener señal en el teléfono no pude avisarles lo que ocurría. Al enterarse de lo acontecido invitó a Kevin a pasar esa noche en su casa.

Una vez adentro ordenó una pizza mientras le narrábamos los últimos cien kilómetros de la jornada del día de hoy. No estuvo tan impresionada de nuestra maniobra de rescate de tantos kilómetros pero al mismo tiempo entendía que no teníamos otra opción.

Es la segunda vez que llego a Jasper y la segunda vez que llego con mi moto averiada. Algo hay aquí que debo encontrar o descubrir. Capaz es una nueva lección que debo aprender.

Vanderhoof


24/Ago/2011

Día 95 - 630 km - Total 22.893 km

La noche se hizo larga y tormentosa. La calefacción del hotel hace que me cocine lentamente. Afuera hace tanto frío pero en mi habitación es como estar dentro de una olla. La humedad de mi equipo contamina todo el ambiente. Sudo y no puedo dormir. Amanecí cansado y sin ganas de nada. Y afuera la lluvia que cayó toda la noche sin parar. Solo de ver ese panorama me desanimo. Me doy vueltas en mi cama. Se lo que tengo que hacer pero no mo motivo a hacerlo. Me da coraje.

Después de considerar la idea de quedarme en varias oportunidades me decido finalmente a salir de Hyder. El clima aquí solo se va a poner peor pienso. La única solución a mis males es seguir manejando hacia el sur. Y confiar que el clima me de un respiro. Un respiro que necesito y me hace mucha falta.

Ya con la maleta lista salgo de la habitación. Hace mucho frío y la lluvia continúa cayendo. Al acercarme a mi moto me encuentro con un libro sobre el manillar. Adentro una nota de Kevin, un amigo irlandés que conocí en Fairbanks. Había dormido en el mismo hotel pero ha salido mucho más antes que yo. El libro, Into the Wild, totalmente mojado. De todas formas lo sequé y lo guardé. Es un bonito gesto.

Ya con la moto lista dejé Hyder con prisa. En el control fronterizo me calmaron las ansias haciendome esperar unos buenos veinte minutos mientras me revisan el pasaporte. Me hicieron sacar el casco y creo que la barba que llevo dificulta el proceso. En realidad no se que pasaba pero estaba empezando a inquietarme. Al final me devolvieron mis documentos y me pidieron disculpas por la demora. Aparentemente la conección del internet estaba defectuosa esa mañana.

Dejo Hyder atrás y Stewart casi al mismo tiempo ya que los dos están juntos. Nuevamente me regreso por la carretera mágica hacia Meziadin Junction. Muy en el fondo un centímetro de cielo azul me daba la esperanza que el clima mejore. Ya una vez mojado parece que no va a cambiar el panorama pero debo tener fe.

Llego a Meziadin y paro para hacer un ajuste de cadena y lubricación. La cadena está muy afectada por el camino a Prudhoe Bay y le trato con mucho cuidado. Aprovecho que empezó a brillar el sol para secar mis guantes y mi chompa. Aunque se sequen mínimamente, es mejor que nada.

A partir de ahí vuelven los bosques interminables en la Highway 37. Debe ser el estar mojado que me impide disfrutar de la ruta. Pero sigo avanzando con la convicción y sobretodo la esperanza que mejore el clima. Lo bueno es que dejó de llover.

Llegué a Kitwanga y ver el pueblito me alegró. Me abastecí de combustible y descansé un poco mientras conversaba con el señor de la gasolinera. No se como empezamos a conversar de los osos. Y de los osos albinos que por ahí existen. Me llamó la atención saber de ellos. Sería como ver un oso polar. Interesante.

Nuevamente en la carretera sigo con dirección a Prince George en la autopista 16. Se nota el cambio abismal entre la que iba y la que estoy. Hay más tráfico, más gente, más poblados. En sí parece que nuevamente estamos en la civilización. Atrás quedó esa naturaleza salvaje. Me alegré aunque una pequeña parte de mi estaba triste. Entiendo que la ruta es así. Eso es lo que me atrae a descubrirla.

Los poblados se ponen pintorescos y empiezan a venir uno tras otro. Las distancias también crecen y comienzo a sentirme cansado. Me había fijado como objetivo del día llegar a Prince George pero creo que no voy a llegar. La luz del día empieza a desaparecer y no me siento cómodo manejando en esas condiciones.

Mientras conduzco la moto empiezo a sentir algo raro. De la nada un ruido se produce en mi casco y mis gafas empiezan a llenarse de manchas. Sin saber que es exactamente sigo manejando la moto hasta que realmente ya no podía ver bien. Eran moscas estrelladas lo que ocasionaba el ruido y las manchas. Estaba en Vanderhoof y busco un hotel. Por suerte el primero que averiguo tiene una habitación disponible. La señora que atendía es mexicana así que nos pusimos a conversar un buen rato.

Lo único malo es que no hay conección de internet en mi habitación y en el bar del hotel una tremenda fiesta se oía que recién empezaba. Nuevamente iba a ser una larga noche.

24 agosto 2011

Hyder - Alaska



23/Ago/2011

Día 94 - 412 km - Total 22.263 km

El inicio del día de hoy llegó muy rápido. Amanecí muy cansado y sin muchas ganas de empezar la jornada. De todas maneras comienzo la rutina pero casi en cámara lenta. Demoré tanto en alistarmer que salí del hotel justo a las once de la mañana. Un poco más y me tocaba pagar otra noche de hospedaje.

Una vez en el camino iba despacio y disfrutando de conducir mi moto. Me he estado concentrando tanto en salir de este frío y seguir con rumbo sur que no he tenido tiempo en realidad para pensar sobre todo lo que ha pasado con nuestro proyecto. La idea obvia me golpea en un segundo y pienso en lo afortunado que he sido en manejar mi moto a los dos extremos de este continente. Es una suerte grande y una bendición. La poderosa Libertad ha unido el Ecuador con Ushuaia en Argentina y ahora con Prudhoe Bay en Alaska. Lo logró contra todos los pronósticos. Gracias Dios mio.

Con ese buen sabor de boca sigo en la ruta 37. Hace tanto frío que debo parar en la primera oportunidad que tuve, en una gasolinera. No necesitaba combustible pero de todas formas le llené el tanque a la moto. Adentro un café bien caliente. No me gusta mucho esta bebida pero algo caliente en el estómago siempre ayuda.

De ahí nuevamente se vino la ruta llena de lagos y montañas. La lluvia fue una constante también. Las barbas que me he dejado crecer me protegen la piel de ese golpe duro que tiene una gota de lluvia. Esa agua fría parece como una aguja cuando golpea la cara. La barba en algo me ayuda pero igual se siente el dolor y el frío.

La muñeca de la mano derecha también me duele. Por la posición en la que va, más la vibración de la moto creo que debe haberse afectado algún nervio. Por las mañanas está perfecta pero mientras recorre el día y ya en las tardes me duele mucho. Hago mucho estiramiento. También masajes por la noche para aliviar en algo el dolor.

La segunda parada del día fue un tanto más jocosa. Llego a uno de los lodges o refugios que hay en el camino para poner combustible. Apenas llego se bajan de dos autos unas personas y me empiezan a tomar fotos desde mi frente. Oigo mi motor con una potencia más grande que la de costumbre y quedo yo también impresionado. Presiono el botón para apagar el motor y sigo escuchando el rugir. Lo vuelvo a aplastar porque pensé que no se había apagado y las personas se empiezan a acercar a mi. Algo pasa me digo a mi mismo asegurándome que la moto ya estaba apagada. La gente me pasa de largo y me doy cuenta que detrás de mi un helicóptero dejaba provisiones al refugio. El ruido del motor no era el de mi moto sino el del helicóptero en el aire. Las fotos tampoco eran para mi si no para la nave! Entre mi me reía mucho. Que chistoso.

En esa gasolinera me encontré con un muchacho canadiense que igual iba en moto con rumbo sur. Era Nathan. Cuando paro trato de que sea breve y no demorarme mucho pero nos pusimos a conversar y casi me quedé una hora con él. Resulta que él y su hermano están próximos a realizar un viaje a Sudamérica y tenía algunas preguntas. Le compartí la información que tenía y quedamos que si todo sale bien nos volveríamos a ver en el Ecuador. Ojalá resulte un buen viaje.

Ya el tramo final si fue de película. Me desvié de la carretera principal y tomé la 37A hacia Stewart. El camino es precioso y vá dentro de un encañonado lindísimo. La neblina a penas me dejaba ver unas montañas bellas con varias cascadas y nieve acumulada. Era como si entraba en otro mundo. Un mundo de misterio y encanto. Desaceleré un poco para tratar de disfrutar más. Era una lástima que llovía tanto y no podía filmar.

En una de las curvas pude divisar al famoso Bear Glacier y me detuve para tomar al menos un par de fotos. Llovía tanto que la cámara quedó empapada pero las imagenes quedaron capturadas. A los pocos minutos me encontraba ya en Stewart y después de abastecerme de combustible manejé unos cinco minutos más hasta llegar a Hyder en Alaska. Es la parte más sur de ese estado. Un pueblito bien pequeño nada más. Aquí no hay control migratorio de los Estados Unidos, solo hay de Canadá.

Llego a un motel y me instalo y salgo en plena lluvia a un restaurante a comer algo y a Hyderizarme. Es una tradición que tienen aquí desde los años cincuenta y consiste en beber un trago de una bebida de 75 grados. Se llama Everclear y viene de Missouri. La bebida resultó buena pero pienso que nuestro aguardiente puede llegar a ser más fuerte. Me acordé inevitablemente de los "famosos sánduches de Baños". De cómo disfrutamos con mi Papá cuando nos servimos unos cada vez que vamos allá. Lindos recuerdos.

Una vez Hyderizado me fui al hotel. Llueve tanto que no se puede hacer nada más que estar a buen recaudo. Espero que el clima cambie y me de un descanso de la lluvia. Espero que más al sur esté mejor la situación.